martes, 15 de julio de 2008

Ladran los perros

Nunca hablamos en sobremesa, solo nos quedamos ahí quitándonos el aire unos a otros; mamá lo sabe bien y sorbe la sopa con tanta discreción como elegancia, con papá también esta todo claro, la otra noche me vio salir nuevamente del cuarto junto al jardín, esta vez con el tipo de barba que siempre viene a verme, ya eran pasadas las doce y el aún me tomaba de la mano como pretendiendo ser mi pareja, no solo por despistar a mi padre, si no porque eso lo hace sentirse mejor con respecto a nuestra relación, es bonito pretender que me quiere y que a consecuencia de esto me toma de la mano, siempre les dejo acariciar mi cabello, tomarme de la mano, darme besos de despedida, fingir hasta el ultimo segundo del minuto treinta, porque así lo vale. Yo lo entiendo, él me da mi dinero; ellos cumplen su papel, yo el mío.Entro al hostal, esquina del pasaje Grau, ésta vez me toma de la mano un hombre calvo y panzón del cual no me interesa conocer el nombre, (el tampoco ha preguntado por el mío) es probable que no nos volvamos a ver y entramos a la habitación y esta vez soy mala, pues así me lo ha pedido y le ordeno que se quite los pantalones y se desviste frente a mi sin decir palabra alguna, dejando al descubierto su enorme vientre cubierto por una densa capa de vello negro, canoso al llegar al pecho, me pide que no me quite la falda, que él lo hará por mi y yo accedo sin mayor tramite y al terminar me da palmaditas en la cabeza mientras yo sigo sentada en la cama viendo como hace el esfuerzo sobrehumano de atarse los zapatos, luego me da lo mío; me retoco el lápiz labial frente al espejo y salimos del hostal dejando atrás ese montón de lucecitas de colores, porque es diciembre y los hostales de lima, por estas fechas, parecen dejarse envolver por el espíritu navideño, me detengo a mirar las combis que anuncian su clásico “feliz navidad 50% +”;es cuando veo a mamá mirándome desde adentro de una, a mi, a la salida del hotel, con el tipo calvo , luego la veo alejarse sin perderme de vista, con otro cartelito de feliz navidad a sus espaldas.Compre un televisor y un masajeador de pies para mamá, ya le había oído hablar sobre aquel aparato y sus burbujas de aire caliente que te ablandan los dedos, se lo regalaron a su amiga Teresa por su cumpleaños y, aunque no me lo pidió directamente, yo ya sabia que quería uno, así como ella sabía que yo se lo compraría, y es que mamá es asi,no le gusta enfrentar las situaciones a pesar de estar completamente consiente de ellas; la acompaño a la iglesia cada vez que puedo y solo después del culto, tomamos desayuno en silencio.Mi rutina empieza a las cinco treinta de la tarde cuando mamá se va a la iglesia y no vuelve si no después de las diez ,dejándome la casa solo para mi, excepto los sábados que se va después del almuerzo y vuelve a las ocho en punto para ver su programa favorito “Tu también puedes ser una estrella”;dándome tiempo suficiente para arreglar mis asuntos, siempre llamándome antes de presentarse para saber si “todo va bien”, y así evitar incómodas interrupciones que pudieran poner en peligro nuestra estabilidad familiar a prueba de balas.Papá termina su turno a las seis de lunes a viernes, pero no llega a casa si no pasadas las diez,(igual que mama) pues tiene una aventura de varios años con su secretaria, cosa que mamá y yo sabemos perfectamente y que él no se ha preocupado en ocultar de plazas y parques ;(y de nosotras) siempre se encuentran en la puerta de la casa, cansados por los sinfines de problemas que acontecen en su vida diaria, se dan un beso corto y me saludan con abrazos, siempre con la misma pregunta -¿qué tal tu día? Y yo –bien todo tranquilo ó -bien sin novedad, según convenga, intercambiando las frases un día de por medio y cuando dan las diez y ya estoy sola, los tres desde nuestros respectivos lugares alistamos nuestros respectivos diálogos y todo perfecto, nunca hablamos en sobremesa.Son las diez del viernes en la noche,papá,mamá y yo vemos la televisión, suena mi teléfono celular; papá y mamá voltean a verme, entonces me levanto con paciencia y tomo la llamada : -Av. el bosque 260 San Isidro, en treinta minutos, despedida del soltero; de pronto también suena el teléfono de papá; mamá y yo volteamos a verlo, mientras el mete la mano dentro de su pantalón, y sin dejar de ver la televisión sostiene el teléfono que cuelga segundos después sin decir una palabra; debe atender un asunto de suma importancia, cosas del trabajo, volvería en un par de horas, se excusa con ambas; yo debo ir urgentemente a casa de Camila, mi amiga de colegio, pues esta se siente muy mal y necesita conversar; los tres cruzamos miradas ,entonces voy rápidamente por mi cartera y papá por sus llaves, papá me mira fijamente al volver a la sala, quiere darme un aventón, esas cosas que hacen los padres por las hijas, que no necesariamente deben ser pero son, y yo me adelanto y le digo que iré caminando pues está cerca,( y porque arruinaría nuestra relación) él no se complica porque sabe bien que algún movimiento en falso podría poner en jaque su credibilidad como padre y esposo, cosa que sucede en la actualidad, pero considera, así como mamá y yo, que no es necesario ponerlo en discusión; llego a una casa bonita de dos plantas , una ventana cubierta por un gran arbusto no deja ver a nadie en su interior, sin embargo se escucha un golpe armónico que se pierde al llegar a la puerta; ya estoy dentro,Sisy y Vero conversan muy cariñosas con unos hombres, saben hacer bien su trabajo, las busco con la mirada, Vero me llama, me acerco, me presenta a su acompañante un comandante de la marina, me lo presento así, como “el comandante”, no mencionó su nombre, no es importante, el hombre me mira el trasero descaradamente, yo le sigo el juego, acaricio su mejilla, tiene unos bigotes ralos, es desagradable ,pero tampoco eso es importante; me besa al llegar al segundo piso, luego me abraza y nos quedamos así un buen rato, afuera ladran unos perros, se escuchan golpes, suena una puerta que se cierra; mi padre, saliendo de una habitación, de la mano de Sisy;me mira, lo miro, pasa de largo, yo me quedo.Mamá preparó estofado, papá se quedará este fin de semana, yo compré una torta de chocolate, de esas que nos encantan a los tres. La comemos en silencio.

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Una perra verde

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