Recuerdo un día como este,levantarme sin ayuda y tomar una ducha bien fría,sábado,las mismas tareas de los sábados en la mañana,cambiar las sábanas calientes por unas muy frescas,hacer las compras para la cena,pasear al perro,ver una película y tal vez esperar alguna visita;no eran grandes planes,nunca son grandes planes,pero sí había de mi parte una gran disposición sabatina,alegría guardada desde mi niñez dosificada en todos los sábados del verano.El día era brilloso, blanco, corría el viento fresco,fresquísimo hacia la sombra entre el pasadizo y hacia mi cuarto,el tragaluz dejaba entrar al sol verticalmente hacia mi puerta y no me dejaba enfriar;olía a madera, a cera de pisos y a cereales, la casa permanecía en silencio como si otras personas estuvieran también realizando su propias tareas vanales; suena el teléfono.
Llega la tarde,pasadizo azul,película de cinta,mala resolución.Ha caído la noche, los objetos son planos,flotantes,ciegos;habitación amarilla,plástica,ya no hay sombras más que las inventadas por los hombres ,no hay frescura pues ya no hay calor, la noche ha caído y todo es falso .
sábado, 19 de marzo de 2011
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Una perra verde
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