domingo, 22 de noviembre de 2009
got it?
Lo que mata a las personas en un terremoto es la intensidad del sismo ,sumado a ésto como en todos los demás aspectos, salimos corriendo .
Ludwig Wittgenstein

La inquietud teórica fundamental que guió a Ludwig Wittgenstein en su Tractatus Logico-Philosophicus (T.L.F) –obra considerada por algunos críticos como la más importante producción filosófica del siglo XX–, ha consistido en deslindar en el lenguaje –y con el mismo lenguaje como único instrumento eso de lo que se puede hablar de aquello de lo que no se puede hablar. En su Prólogo, resume su respuesta a este problema: "lo que puede ser dicho, hay que decirlo claramente, y de lo que no se puede hablar hay que callar" [2].
Wittgenstein escribió con claridad cuál era el problema: la profunda "incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje" y dedicó un encarnizado esfuerzo por construir un sistema de proposiciones tal que le permitiera extraer de su centro la esencia del lenguaje y del mundo a la vez. Su conclusión sorprendente –la estructura del mundo es la estructura gramatical–, se sostuvo a partir de su ‘teoría pictórica del lenguaje’, teoría de la representación que construye una correlación entre las "proposiciones elementales" y los "hechos del mundo".
Son dos los registros que constituyen el T.L.F.: no sólo asistimos a la formidable construcción de una ontología del mundo por el análisis lógico del lenguaje - lo que configura la categoría de lo que puede decirse. Además asistimos al esfuerzo metafísico de Wittgenstein de dar cuenta de los límites del decir: las proposiciones de la lógica en su función tautológica dentro del lenguaje, constituyendo conjuntamente con el sujeto el límite mismo del mundo; y las mostraciones místicas, inefables, situadas por fuera del lenguaje. Aquí la mística constituye una respuesta a la pregunta metafísica respecto de si existe algo fuera de los hechos, es decir, fuera de las proposiciones.
Esta introducción del ‘mostrar’ por medio de la ‘mística’ permite relativizar su aserto central (del TLF). Podríamos escribirlo: "de lo que no se puede hablar hay que callar… aunque –al menos en ciertas condiciones– eso se puede mostrar".
Deducimos que la simbolización de lo real, producida por Wittgenstein con sus proposiciones elementales y hechos atómicos, deja un resto cuyo destino es la forclusión: lo "místico" no pertenece al campo de las proposiciones, está radicalmente separado del sistema.
1.2. La forclusión del metalenguaje y la "canallada filosófica"
Se aprecia el modo por el que L. Wittgenstein sostuvo a ultranza la tesis de la inmanencia del lenguaje: su enérgica decisión de mantenerse dentro de los límites del lenguaje para hablar del lenguaje, lo condujo a un repudio de toda hipótesis de metalenguaje.
Jacques Lacan retomará muy precisamente este punto, para cernir las consecuencias que de él se desprenden: el repudio a todas las formas de canallada filosófica que se autorizan en el metalenguaje:
"No hay otro meta-lenguaje que todas las formas de la canallada, si designamos por ello esas curiosas operaciones que se deducen de lo siguiente: que el deseo del hombre es el deseo del Otro. Toda canallada reposa sobre esto, querer ser el Otro, entiendo por esto el gran Otro, el de alguien, ahí donde se dibujan las figuras en las que su deseo será captado. Además esta operación wittgensteiniana no es sino una extraordinaria ostentación, no es sino una detección de la canallada filosófica. No hay otro sentido que el del deseo. He ahí lo que se puede decir después de haber leído a Wittgenstein. No hay más verdad que lo que oculta dicho deseo de su falta". [3]
A partir de ese punto en su Seminario, Lacan arremete contra la verdad, hipostasiada durante siglos por los filósofos. Los filósofos, es decir aquellos que respondieron siempre y muy precisamente al discurso del amo, y que han intentado por los más variados métodos, salvar la verdad.
J. Lacan cita la tormentosa relación de Wittgenstein con la filosofía académica inglesa, escenificada especialmente en sus universidades de Oxford y Cambridge: él no quería salvar la verdad, quería "eliminarla completamente de su discurso [4]. En este punto Lacan localiza...
"el rigor psicótico, es decir, forclusivo de Wittgenstein: no querer saber nada del rincón en el que de la verdad se trata".
retomando de este modo el unglauben freudiano que indica el estatuto de la increencia en el argumento delirante, de la que testimonia el sujeto psicótico en su relación con el mundo. Jacques Lacan designa de este modo la ‘operación wittgeinsteniana’ sobre la verdad en la teorización del Tractatus.
1.3. La lógica o los pecados
La ferocidad psicótica de Wittgenstein enunciada por Jacques Lacan, consistía en su intento de constituir con el T.L.F. un lenguaje fundamental que se supiera despojado de la equivocidad que induce el habla.
Pero no sólo una inquietud teórica impulsaba a Ludwig Wittgenstein a resolver el problema del lenguaje: su vida misma, es decir su sobrevivencia, estaba prendida de su obra hasta límites insospechados. El rigor psicótico con el que enfrentaba los problemas lógicos hasta resolverlos, sólo era comparable a su intolerancia con prójimos y semejantes cuando lo desviaban de sus pensamientos –ese otro rigor.
"La figura lógica de los hechos es el pensamiento" (T.L.F. p-3). Y toda la vida y obra de Ludwig Wittgenstein se hallará atravesada por esta preocupación mayor: obtener la figura lógica de los hechos que le procure paz en sus pensamientos.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Determinismo
El determinismo es la teoría de que toda acción humana es causada enteramente por acontecimientos precedentes, y no por el ejercicio de la voluntad. En filosofía, la teoría se basa en el principio metafísico de que un evento sin causa es imposible; el éxito de los científicos en descubrir las causas de cierto comportamiento y, en algunos casos, controlarlas, tiende a reforzar este principio.
Hay desacuerdo acerca de la adecuada enunciación del determinismo –un tópico central en la filosofía que nunca deja de ser polémico. El determinismo físico, que tiene su origen en el atomismo de Demócrito y Lucrecio, es la teoría de que la interacción humana se puede reducir a relaciones entre entidades biológicas, químicas o físicas, formulación fundamental para la sociobiología y la neurosicología modernas. El determinismo histórico de Karl Marx, por otra parte, es transpersonal y principalmente económico. En contraste con estas dos enunciaciones, el determinismo psicológico (base filosófica del psicoanálisis) es la teoría de que los propósitos, necesidades y deseos de individuos son esenciales para una explicación del comportamiento humano. El reciente determinismo conductual de B F Skinner es una modificación de esta postura, puesto que Skinner reduce todos los estados psicológicos internos al comportamiento públicamente observable. Su modelo estímulo-respuesta recurre a los modernos análisis estadístico y probabilístico de causalidad.
Jean Paul Sartre y otros filósofos contemporáneos ha sostenido que el determinismo es cuestionado por la introspección, que revela que las acciones son resultado de nuestras propias opciones y no requieren eventos previos o factores externos. Los deterministas responden que tales experiencias de libertad son ilusiones y que la introspección es un método no fiable y no científico de entender el comportamiento humano.
Sin embargo, la comunidad científica ha modificado esta visión con el principio de incertidumbre enunciado por el físico Werner Heisenberg. Las ramificaciones de su trabajo en mecánica cuántica llevaron a Heisenberg a afirmar que el científico, tanto participante como observador, interfiere la neutralidad y la naturaleza misma del objeto en cuestión. Su trabajo también se pregunta si es posible definir un marco objetivo a través del cual uno pueda distinguir causa de efecto, y si uno puede conocer un efecto objetivo si uno siempre es parte de su causa.
A veces se confunde el determinismo con predestinación y fatalismo, pero en cuanto tal no afirma ni que los asuntos humanos hayan sido preestablecidos por un ser fuera del orden causal, ni que una persona tenga un destino inevitable.
Jesse G Kalin
Hay desacuerdo acerca de la adecuada enunciación del determinismo –un tópico central en la filosofía que nunca deja de ser polémico. El determinismo físico, que tiene su origen en el atomismo de Demócrito y Lucrecio, es la teoría de que la interacción humana se puede reducir a relaciones entre entidades biológicas, químicas o físicas, formulación fundamental para la sociobiología y la neurosicología modernas. El determinismo histórico de Karl Marx, por otra parte, es transpersonal y principalmente económico. En contraste con estas dos enunciaciones, el determinismo psicológico (base filosófica del psicoanálisis) es la teoría de que los propósitos, necesidades y deseos de individuos son esenciales para una explicación del comportamiento humano. El reciente determinismo conductual de B F Skinner es una modificación de esta postura, puesto que Skinner reduce todos los estados psicológicos internos al comportamiento públicamente observable. Su modelo estímulo-respuesta recurre a los modernos análisis estadístico y probabilístico de causalidad.
Jean Paul Sartre y otros filósofos contemporáneos ha sostenido que el determinismo es cuestionado por la introspección, que revela que las acciones son resultado de nuestras propias opciones y no requieren eventos previos o factores externos. Los deterministas responden que tales experiencias de libertad son ilusiones y que la introspección es un método no fiable y no científico de entender el comportamiento humano.
Sin embargo, la comunidad científica ha modificado esta visión con el principio de incertidumbre enunciado por el físico Werner Heisenberg. Las ramificaciones de su trabajo en mecánica cuántica llevaron a Heisenberg a afirmar que el científico, tanto participante como observador, interfiere la neutralidad y la naturaleza misma del objeto en cuestión. Su trabajo también se pregunta si es posible definir un marco objetivo a través del cual uno pueda distinguir causa de efecto, y si uno puede conocer un efecto objetivo si uno siempre es parte de su causa.
A veces se confunde el determinismo con predestinación y fatalismo, pero en cuanto tal no afirma ni que los asuntos humanos hayan sido preestablecidos por un ser fuera del orden causal, ni que una persona tenga un destino inevitable.
Jesse G Kalin
Etiquetas:
poesìa barata,
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